
El aparente tono burlesco de este artículo no es su objetivo. Lo burlesco son las declaraciones de Abelardo y los abelardistas sobre Dios, Cristo Rey, la Virgen de Fátima, la “Patria Milagro”, la asesoría divina… Miren este video y juzguen ustedes.
La política y la religión, aunque son dos cosas distintas, suelen ir de la mano. No obstante, cuando son muy amigas, pueden resultar peligrosas. Cuando no lo son, también. Lo ideal es que reine la indiferencia entre ambas: ni amor ni odio. Cada una en su lugar: lo público para la política y lo privado para la religión.
Las cosas se complican cuando los políticos pretenden ser el instrumento de Dios para salvar y proteger la patria, la familia, la propiedad privada y “nuestros valores y principios”. Y se complican aún más cuando los creyentes los ven como un instrumento de los planes misteriosos de Dios.
Un día, a un hombre se le ocurrió que Dios, en su infinita sabiduría, había puesto los ojos en él para tan noble tarea. Ese hombre es Abelardo de la Espriella. Todo comenzó cuando murió su tía Beatri (¿Beatriz?), una mujer buena y pura. Beatri quería mucho a Abelardo y Abelardo quería mucho a Beatri. El día de su funeral, decidió hacerse católico para seguir en contacto con su tía a través de Dios. Desde entonces, comenzó a leer la Biblia mientras Dios, según él, le hablaba en “una comunicación directa”. Abelardo explica muy bien su conversión o camino de Damasco en este video.
En una de esas conversaciones, Dios le confió una misión: salvar la patria. Y Abelardo, por amor al prójimo y a sí mismo, aceptó la misión y asumió el papel de Ciro para salvar a Colombia del supuesto comunismo terrorista y guerrillero del Pacto Histórico, con la ayuda desinteresada de Donald Trump, otro protegido de Dios.
El razonamiento es simple: las gentes de izquierda son ateas; si son ateas, son comunistas; y si son comunistas, Dios se ve en la obligación de intervenir a través de sus predilectos, como Abelardo.
La lectura de la Biblia le permitió identificarse no solo con Ciro, sino también con Daniel, David y Nehemías, este último recordado por reconstruir los muros de Jerusalén cuando todo parecía perdido, “como ocurre hoy en Colombia”, según él. Y como si eso no fuera suficiente, «Dios le dio la sabiduría del rey Salomón».
Ante tanta abnegación y amor por la patria, Dios lo ungió presidente y le prometió llevarlo de la mano para conducir el país a buen puerto. Así, Colombia tendría hoy un presidente por voluntad divina, cuyos pasos estarían guiados desde lo alto.
No todos los colombianos creyentes y devotos creen, ni por un instante, en las historias extraordinarias de Abelardo De la Espriella cuando divaga sobre la religión. Sin embargo, muchos aceptan con una credulidad desconcertante cualquier cosa que les cuente el presidente “milagro”.
Abelardo les dice: “Dios me dijo: ‘Abelardo, salve usted la patria…’” y la gente se lo cree. ¿Por qué?
Si Dios existe, ¿cómo saben que Dios le dijo a Abelardo lo que Abelardo dice que Dios le dijo? No lo sé. Ellos tampoco. Esto significa que los crédulos tienen más fe en Abelardo que en Dios. En efecto, Dios no les ha dicho nada. Simplemente le creen a Abelardo cuando afirma que Dios le reveló algo.
¿Es posible que personas instruidas crean en tales afirmaciones? Es posible. Los hechos lo demuestran. Y Abelardo no es el único en dialogar con Dios: otros líderes religiosos también afirman haber recibido revelaciones. Un pastor dijo que Dios le anunció la elección de Abelardo. Una pastora, Rosita, afirmó haber recibido información divina sobre el futuro político del vicepresidente Juan Manuel Restrepo. Lo más sorprendente es que, como ambos fueron elegidos, esto se interpreta como confirmación de sus “diálogos” con Dios.
Yo también predije la elección de Abelardo. Ninguna divinidad me lo dijo. Lo juro por Dios.
Todas estas declaraciones de una ultraderecha envalentonada me animan a plantearme algunas preguntas, conforme a la lógica abelardiana:
- ¿Por qué Dios no dialoga con les creyentes de izquierda? ¿Dios sería ultraderechista?
- ¿Los evangélicos y los católicos conservadores quieren convertir a Colombia en un Estado teocrático?
- ¿Las decisiones presidenciales cuentan con el visto bueno de Dios?
- ¿Abelardo tomará siempre las buenas decisiones, gracias a Dios?
- De lo contrario, ¿sería Dios responsable de los errores de Abelardo por haberlo ungido?
- ¿Oponerse a la política de Abelardo es oponerse a la voluntad divina?
- ¿Dios es católico, evangélico o judío?
- ¿Abelardo también es presidente de los ateos o solo de los creyentes?
- Si es presidente de todos los colombianos, ¿por qué la investidura de posesión fue una ceremonia religiosa, si hay colombianos ateos?
- ¿Por qué, si se optó por una ceremonia religiosa, un sacerdote católico invitó a tomar la palabra a un rabino judío y a un pastor evangélico (en calidad de representantes del diálogo interreligioso), pero no invitó a un imán? En Colombia viven menos de 4.000 judíos y entre 80.000 y 100.000 musulmanes. La religión musulmana, al igual que la judía y la cristiana, hace parte de las llamadas “religiones del libro”.
- ¿Les envió Dios un terremoto a los colombianos, con sus dramáticas consecuencias, solo para poner a prueba a Abelardo, su protegido? ¿Cómo lo sabe Abelardo? ¿Otra revelación? ¿Sería Dios tan cruel?
- ¿Abelardo, paseándose entre los muertos envueltos en sacos plásticos, sería el instrumento de la cólera de Dios? ¿La exclamación de resonancia franquista “¡Viva Cristo Rey!”, al final del macabro paseo, legitima su vergonzoso triunfalismo? ¿Es compatible exhibir cuerpos como trofeos de caza con la ética cristiana que ordena odiar el pecado, pero no al pecador?
Mi hipótesis es que Dios, si realmente existe, rechaza de manera categórica la instrumentalización política de su figura por parte de la ultraderecha y niega cualquier participación en sus estrategias.
Gobernar en nombre del Dios cristiano contraviene la Constitución, incluso si la mayoría de los colombianos profesan alguna variante del cristianismo. Más aún cuando numerosos creyentes defienden la laicidad y la libertad religiosa como principios fundamentales del orden democrático. De lo contrario, Abelardo podría justificar cualquier decisión alegando que “Dios lo lleva de la mano”, como afirma en uno de sus videos.
Abelardo quiere convencernos de que si “Colombia está al borde del abismo” es porque nos hemos alejado de Dios. Si volvemos a Él, podremos construir una “patria milagro”.
Conclusión
La religiosidad agresiva de la ultraderecha, al grito de “¡Viva Cristo Rey!”, amenaza con hundir al país en la violencia de mediados del siglo pasado. En aquella época, monseñor Miguel Ángel Builes, enemigo acérrimo del Partido Liberal, ordenaba a sus fieles votar por el Partido Conservador – por Mariano Ospina o por Laureano Gómez. Al mismo tiempo, predicaba el odio y la persecución contra los liberales, víctimas de los “pájaros” y los “chulavitas”.
Hoy, el chivo expiatorio de la derecha y la ultraderecha ya no es el liberalismo, sino el Pacto Histórico.
Tras el asesinato del líder liberal Jorge Eliécer Gaitán, en 1948, monseñor Builes invitó a “eliminar” a los liberales. Se dice que no se refería a una eliminación física. Hoy se habla de “destripar”.
Lo cierto es que, para monseñor Builes, Laureano Gómez era el elegido de Dios para salvar la patria. ¿Se repetirá la historia?