Cuando el debate político se limita a la confrontación de opiniones en detrimento de los hechos, entramos en el terreno de las “verdades alternativas”, expresión cínica que no es más que un eufemismo para designar la mentira. Si la verdad objetiva se convierte en la verdad de cada quien, terminamos habitando mundos que no existen. Y si no hay hechos sobre los cuales estemos de acuerdo, el debate —que debería iluminarnos para elegir con conocimiento de causa— solo sirve para exacerbar las pasiones y nublar la razón.
Entonces, el insulto reemplaza la cortesía, la grosería sustituye la elegancia y el eslogan entierra el argumento. No debería sorprendernos que el pensamiento crítico sea el gran ausente en una política convertida en riña callejera, mientras los mismos protagonistas que alimentan la agresividad denuncian, paradójicamente, la violencia que desangra al país. Todo se vale: exageraciones, acusaciones sin pruebas, insinuaciones y frases lapidarias.
Lamentablemente, la mentira no es exclusiva de los políticos. Algunos medios, bajo la égida de grandes capitales, actúan como cajas de resonancia para validar estos engaños. Es el caso de Semana, propiedad de la mayor fortuna de Colombia, Jaime Gilinski. Analicemos dos ejemplos recientes.
La columnista Salud Hernández-Mora, de marcada línea uribista, afirmaba el pasado 7 de marzo:
«Colombia escogerá entre rodar al fondo del abismo con el comunista Pacto Histórico, defensor de Irán, o recuperar el rumbo con el Centro Democrático […] defensores todos de las libertades».
En la misma línea, Cristina Plazas Michelsen, en su artículo “Que los bandidos no decidan por usted”, advertía sobre el riesgo de caer en el «socialismo del siglo XXI», un modelo que, según ella, «empieza prometiendo igualdad y termina destruyendo la libertad».
Estas narrativas, repetidas hasta el cansancio, sostienen cuatro falacias que conviene desmantelar:
- Votar por el Pacto Histórico es caer al abismo y destruir la libertad.
El miedo es una herramienta eficaz. Muchos electores, movidos por la angustia, renuncian al espíritu crítico y se dejan guiar por emociones que suelen ser pésimas consejeras políticas.
Contrario a lo que afirman estas voces «independientes», la economía colombiana dista mucho de los colapsos de Cuba o Venezuela. Incluso figuras ajenas a la izquierda, como Juan Daniel Oviedo —exdirector del DANE y técnico de trayectoria—, han reconocido la resiliencia del sistema y la esperanza que genera el proyecto actual.
Más revelador aún que sus palabras es el Índice de Confianza del Consumidor (ICC). Véase: La confianza del consumidor repuntó en febrero, impulsada por mejores expectativas de los hogares.
A quienes tildan a Petro de dictador, cabe preguntarles: ¿Dónde están los presos políticos? ¿Qué periódicos han sido clausurados? ¿Qué periodistas han sido judicializados por su opinión? ¿Qué cultos están prohibidos? Los problemas de inseguridad, corrupción y narcotráfico son reales, pero son deudas históricas heredadas que no se borran por decreto en tres años y medio. Es curioso ver cómo estos «Casandras» insisten en un libreto de calamidades que anunciaron en 2022 y que la realidad insiste en desmentir.
- Votar por el Centro Democrático y sus aliados es “recuperar el rumbo”.
Las periodistas de Semana parecen olvidar que los problemas que Colombia sigue padeciendo son fruto de la ideología y de las políticas de los partidos cuya propaganda reproducen. No se dice lo suficiente: partidos como el Centro Democrático gobernaron hasta el 7 de agosto de 2022, con los resultados que todos conocemos.
Podemos, por tanto, dudar con fundamento de su capacidad —y de su voluntad— para “recuperar el rumbo” del país. A lo sumo, servirán para que Uribe siga influyendo en la política nacional.
Ese mismo Uribe que, conviene recordarlo, logró modificar la Constitución para reelegirse mediante la compra de votos. Es el caso de la Yidispolítica, por el cual seis o siete personas fueron condenadas… excepto él. Su discípula Paloma Valencia, hoy candidata presidencial, propuso en 2015 un referendo para dividir el departamento del Cauca en dos: uno para indígenas y otro para mestizos. Es decir: apartheid.
- El Pacto Histórico es comunista.
Otro disco rayado. Cualquiera con un mínimo de cultura general sabe que el supuesto “comunismo” del Pacto Histórico es una invención de la derecha y la extrema derecha, que lo asocian a Cuba, Nicaragua y Venezuela. Las dos periodistas son incapaces de explicarnos en qué consiste el comunismo del Pacto Histórico. El razonamiento es simplista: si no quiere que Colombia se parezca a esos países, vote por Paloma Valencia o Abelardo de la Espriella. Sin embargo, otro columnista de Semana, acusa a Petro de neoliberal. To be or not to be…
El Pacto Histórico es defensor de Irán.
Sostener que el Gobierno defiende al régimen iraní es una distorsión malintencionada. Las posturas de Petro en política exterior han sido consistentemente antiguerra, pro-ONU y alineadas con el derecho internacional humanitario. Basta con leer las declaraciones de Petro en… Semana justamente. Criticar la hegemonía de Estados Unidos o las acciones de Israel no equivale a respaldar a Teherán; es, simplemente, una apuesta por la multipolaridad y el desarme. Este tipo de mentiras seguirá circulando hasta el 31 de mayo. Lamentablemente, de tanto escuchar falsedades, la gente termina ignorando la diferencia entre verdad y mentira. La frontera entre ambas deja de existir.
Pero no se preocupen: no es Semana la que va a cambiar el curso de nuestra historia.