El candidato de Dios

La invocación de la divinidad para alcanzar y perpetuar el poder es un recurso clásico de la extrema derecha política. Al presentarse como elegidos de Dios para «salvar la patria», estos líderes blindan su legitimidad con un aura de infalibilidad: si su misión es divina, su autoridad es incuestionable. En este esquema, el voto deja de ser un ejercicio democrático para convertirse en un acto de fe. Oponerse a ellos no es solo disentir, es alinearse con el mal, atentar contra la familia y traicionar a la patria. Su lema es inamovible: «Dios, Patria y Familia», al que bien podrían añadir un contundente ¡Vade retro, Satanás!

En Mein Kampf y en numerosos discursos públicos, Adolf Hitler sostenía que la Providencia lo había elegido para guiar al pueblo alemán. Durante la Segunda Guerra Mundial, los soldados del ejército nazi llevaban en las hebillas de sus cinturones el lema “Gott mit uns” (Dios con nosotros).

Francisco Franco, aliado de Hitler, oprimió a España durante 39 años y pretendía que su mandato formaba parte de un destino guiado por Dios, al igual que el dictador portugués António de Oliveira Salazar, quien se mantuvo en el poder durante 48 años. Benito Mussolini, aunque no era un hombre religioso, se presentaba oportunamente como instrumento de la voluntad divina para salvar a Italia. Augusto Pinochet, en sus discursos, aseguraba que Dios lo había puesto en el camino para “salvar a Chile del marxismo”. Es posible que pocos jóvenes conozcan estos personajes y muchos viejos los hayan olvidado.

Incluso hoy, esta retórica persiste en diversas partes del mundo. Irán vive bajo una teocracia en la que atacar al régimen equivale, literalmente, a atacar a Dios, bajo pena de muerte. En Estados Unidos Donald Trump —según él y sus incondicionales— sobrevivió milagrosamente a un atentado porque la divina providencia le había confiado la misión de restaurar la grandeza de su país.

Dios, en su infinita misericordia, quiso que Colombia también tuviera un salvador de la patria y, en una revelación, le confió esa misión a Abelardo de la Espriella. Investido de esta misión divina (a partir del minuto 14) y como un «guerrero con la armadura de Dios» (lo dice él), va a destripar la izquierda radical: esos horribles guerrilleros, terroristas, ateos, marxistas, narcotraficantes, criminales, bandidos, brutos, corruptos, ladrones, estafadores, hipócritas, tarados, corrompidos, traidores, inmundos, asquerosos, sarnosos que jamás se han bañado, y otros calificativos que utiliza en los numerosos videos con los que inunda internet. Steve Bannon, estratega político de la extrema derecha estadounidense y europea, aconsejaba a Trump: «flood the zone with shit» (inundar la zona de mierda). Abelardo parece haber tomado nota.

El candidato de Dios sabe bien que la supuesta “asesoría divina” es una astucia electoral, pero también sabe que muchos electores cristianos se dejan convencer con facilidad. Otros políticos, como Álvaro Uribe Vélez, Paloma Valencia o Vicky Dávila, si bien no pretenden ser guiados expresamente por Dios, sí dicen con frecuencia: «ganaremos con la ayuda de Dios».

Dudo que Dios, si existe, intervenga en elecciones. Me sorprendería que ayudara a políticos como Álvaro Uribe Vélez —devoto, junto con Paloma Valencia y Abelardo de la Espriella, de la Virgen de los Remedios— cuando no ha ayudado a tantos colombianos víctimas de la violencia paramilitar, guerrillera y del narcotráfico, muchos de los cuales también debieron implorar su auxilio. A modo de información: Iván Duque le rezaba a la Virgen de Chiquinquirá cuando fue presidente, pero los resultados de su gobierno dejan mucho que desear. Respecto a las Vírgenes, cabe preguntarse cuál es la más milagrosa, Nuestra Señora de los Remedios o Nuestra Señora de Chiquinquirá.

Los creyentes más serenos y ponderados deberían rechazar que su Dios sea instrumentalizado por las maquinarias electorales. Un dios que guía a los políticos de derecha y de extrema derecha como ellos pretenden sería, en última instancia, responsable de todos los males que aquejan a Colombia y al resto del planeta.

Es evidente que el candidato de Dios no se inspira en ningún dios, aun siendo creyente. Sus modelos son: Donald Trump, Nayib Bukele y Javier Milei (lo dice él). A fuerza de una retórica repetitiva, quiere hacerse pasar por un «gladiador” con mucha testosterona. Sabe que electores en crisis de masculinidad y electoras a la espera de machos protectores sueñan con hombres providenciales y fuertes, que muestren sus pectorales y “pongan las cosas en su lugar”. Hay ciudadanos que quieren ser dominados. Es la servidumbre voluntaria. En uno de sus videos, el candidato de Dios declara que en su combate contra la criminalidad será tal que «Bukele, comparado conmigo, es un boy scout. Los bandidos saben que conmigo van a terminar en la cárcel o en una bolsa de plástico». Y eso fascina, pero la justicia y la seguridad son más que eso.

La imagen del hombre fuerte y la ideología fascista suelen ir de la mano. Abelardo de la Espriella ha declarado en varias ocasiones que no es de extrema derecha sino de «extrema coherencia». Sin embargo, el 13 de enero de 2026, Abelardo se reunió en Madrid con Santiago Abascal, líder de Vox, para formalizar su adhesión a la Carta de Madrid, convirtiéndose en el líder de esa alianza en Colombia. ¿Cuál es el problema?

• La Carta de Madrid es el «manifiesto fundacional» de una alianza iberoamericana de extrema derecha impulsada por la Fundación Disenso (el think tank del partido español Vox) a finales de 2020.

• Vox es el partido de los nostálgicos del franquismo, el mismo régimen que oprimió a España durante 39 años en nombre de Cristo Rey.

• Entre los firmantes figuran: María Fernanda Cabal, una de las figuras más cercanas a Santiago Abascal; Paloma Valencia, Paola Holguín, Margarita Restrepo, José Obdulio Gaviria y 12 parlamentarios más, todos del Centro Democrático.

• También figuran: Javier Milei, el loco de la motosierra; José Antonio Kast, ferviente admirador de Augusto Pinochet de triste memoria; Giorgia Meloni, devota de Mussolini. Todos de extrema derecha, por si fuera necesario repetirlo.

Conclusión: Seamos cautos, muy cautos, con los candidatos investidos de una misión divina.

Comentario sin importancia para terminar: los defensores de la causa animal, incrédulos y atónitos, se mueren de risa cuando Abelardito se compara con un tigre.

Más tarde veremos otras razones para no votar por Abelardo de la Espriella.

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