La violencia verbal en la campaña electoral colombiana

La campaña electoral comienza oficialmente el 31 de enero, pero ya estamos en pleno auge. Una vez más, se repite el mismo escenario: los candidatos presentan programas de gobierno que nadie lee, acusaciones infundadas, un torrente de insultos y promesas de una vida mejor que nunca se materializan. Abundan las estadísticas manipuladas, las noticias falsas —o «hechos alternativos» al estilo de Trump— y los clichés. Las inconsistencias, las contradicciones y la memoria selectiva dominan el panorama político.

Aún más grave: aunque los seres humanos se consideran animales racionales, la racionalidad está claramente ausente en estas situaciones. Las emociones prevalecen sobre la razón y las pasiones sobre la lógica.

La violencia verbal como antítesis de la paz

Los políticos suelen enfatizar, tanto durante como fuera de las campañas, la necesidad de paz y fraternidad entre los colombianos. Sin embargo, los enfrentamientos verbales durante los debates políticos solo avivan las tensiones y pueden derivar en conflictos fratricidas. Si los políticos dan un mal ejemplo, pierden toda credibilidad al llamar a la ciudadanía a abrazar la paz.

El caso de la Espriella: acusaciones sin sustento formal

Analicemos un ejemplo revelador. En una entrevista concedida a la revista Semana, Abelardo de la Espriella afirma que el asesinato de Miguel Uribe Turbay «es un crimen de Estado». Sostiene que «detrás de este asesinato está el régimen y sus socios del narcoterrorismo», y añade: «El régimen tiene sus manos sucias en asociación con el narcoterrorismo, como todo el país lo sabe». Concluye: «Esa relación entre Petro, Iván Márquez y todos los bandidos narcoterroristas a los que Petro les está entregando el país permite llegar a la conclusión, sin ninguna duda, de que esto es un crimen de Estado».

Esta entrevista —que vale la pena ver en su totalidad— es una muestra de lo que no debe hacerse ni decirse cuando se es un político responsable, honrado y realmente motivado por el bienestar de la nación. La violencia verbal de Abelardo de la Espriella es propia de líderes irresponsables. Su agresividad y la de su bando no son menos perniciosas ni peligrosas que las que imputa al petrismo.

Hechos versus opiniones

Es fundamental distinguir entre hechos y opiniones. Si usted afirma que Bogotá es la capital de Colombia, eso es un hecho verificable. Si yo respondo que esa afirmación es falsa, usted puede probar su veracidad independientemente de lo que yo piense. Pero si usted pretende que Bogotá es una ciudad «muy fea», es simplemente su opinión, su gusto personal y su manera de ver las cosas.

Cuando Abelardo de la Espriella declara que Petro es un demagogo, expresa una opinión, y las opiniones no se demuestran. Pero cuando sostiene que la relación entre Petro y grupos criminales permite concluir que hubo un crimen de Estado, se refiere a hechos que deberían ser verificables. Esos hechos existen o no, independientemente de la subjetividad. Una acusación tan grave inspira varias consideraciones críticas.

Cinco cuestionamientos 

  1. Denuncia formal: Si el asesinato de Miguel Uribe fue un crimen de Estado, ¿por qué el autoproclamado «defensor de la patria» no lo denuncia ante la Fiscalía, sobre todo si afirma no tener ninguna duda y poseer pruebas?
  1. Coherencia ética: ¿Por qué no condena con el mismo fervor los crímenes de Estado cometidos durante el gobierno de Álvaro Uribe? Me refiero a los «falsos positivos»: 6.402 jóvenes inocentes asesinados por militares y paramilitares en el marco de la política de Seguridad Democrática. Ni Álvaro Uribe ni Juan Manuel Santos, entonces ministro de Defensa, fueron investigados penalmente por este crimen de Estado. Otros escándalos atribuidos a Uribe no pudieron investigarse debido al poder de sus partidarios, la desaparición de numerosas pruebas y el silencio de numerosos testigos. «En 2002, durante la campaña presidencial, Fernando Garavito Pardo, periodista de El Espectador, realizó una investigación dividida en cinco partes sobre los presuntos vínculos del candidato Uribe con círculos paramilitares y del narcotráfico. Inmediatamente después de la publicación de la primera parte, el periodista recibió amenazas de muerte y se vio obligado a abandonar Colombia. Las investigaciones posteriores no se publicaron.»
  1. Empresa familiar: Según La Silla Vacía, Santiago Uribe, hermano del expresidente Álvaro Uribe, fue condenado a 28 años de prisión por su participación en la creación del grupo paramilitar «Los 12 Apóstoles» y por crímenes de lesa humanidad. Además, este caso reaviva el debate en torno a las Convivir, precedidas por un modelo de colaboración entre civiles y fuerzas armadas aprobado por el gobierno nacional e impulsado activamente por Uribe durante su gobierno de Antioquia a mediados de la década de 1990. Especialistas en conflicto han enfatizado que esta política estatal, paradójicamente, fomentó la proliferación de grupos paramilitares. Mario Uribe Escobar, primo hermano del omnipresente Álvaro, fue condenado en 2011 a siete años de prisión por el delito de concierto para delinquir agravado, en el marco del escándalo de la parapolítica.
  2. Sentido de proporcionalidad: Sea cual sea la veracidad de las acusaciones contra Petro, son mucho menos graves y numerosas que las que se le imputan a Uribe, por las que nunca fue investigado ni juzgado. Muchas pruebas han desaparecido y numerosos testigos han dejado de hablar. Es imposible, en un artículo de blog, abordar todos los escándalos atribuibles a Uribe y sus partidarios. Quienes deseen conocer la trayectoria de Uribe encontrarán abundante documentación en línea, siempre que prioricen a autores competentes, rigurosos e independientes, y no a quienes afirman, contra toda evidencia, que Uribe es «el mejor presidente que ha tenido Colombia».
  3. Más autocontrol: Abelardo de la Espriella debiera alborotarse menos cuando habla de Petro y sus socios, los bandidos del narcotráfico. El currículum vitae de su modelo Álvaro Uribe y su familia debiera incitarlo a frenar sus arrebatos de acusador.

La autoridad moral perdida

Es evidente que lo que hizo Uribe no justifica que Petro haga lo mismo, si es el caso. Pero Uribe y sus seguidores carecen de autoridad moral para fingir indignación como vírgenes ultrajadas, lo cual no son, y no tienen derecho a dar lecciones de moralidad política. Si Petro y Cepeda son responsables del asesinato de Miguel Uribe, Abelardo de la Espriella y sus partidarios deberían denunciarlos oficialmente, ya que no les cabe ninguna duda.

La derecha y la extrema derecha invocan muy a menudo la ayuda de Dios. Un empujoncito divino les puede ayudar en su combate contra Petro y salvar la patria del diablo.

Ya hablaremos un poco más de Abelardo de la Espriella.

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